lunes, 28 de septiembre de 2026

La muerte a veces llama en dos ocasiones.

 

 


 

 

Se adentró el pelotón armado, en  castrense y disciplinada formación, en el aciago y desierto paraje del bosque. Tras el marcial pelotón, dos soldados algo rezagados arrastraban un cuerpo. Aquel cuerpo sin rastro de humanidad sino más parecía un guiñapo de trapo, un pelele castigado por las indiferencias de quienes le precedían. Cerrando la marcha, otro soldado raso, pero con idéntica compostura, esa que parece reportar infaliblemente un uniforme militar, portaba, agarrada por los pelos, la cabeza separada ya del tronco, iba dejando tras de sí un rastro rojo, o ¿ya negruzco de la sangre en su proceso de coagulación? Era un goteo persistente, aunque ya condenado a perder intensidad con los pasos del improvisado desfile sobre las hojas y yerbajos muertos que crujían lastimosamente bajo las botas.

Ataron al pelele en un árbol vecino a una cabaña abandonada, costaba imaginar que aquello había sido un cuerpo humano, que una vez había tenido movilidad propia, sentimientos, penas lloradas y alegrías disfrutadas y sonreídas. El cuerpo mostró el muñón de un cuello que ya no sostenía cabeza alguna, ya incapaz de mirar al suelo ni a ninguna otra parte.

El pelotón formó frente al árbol escogido, delante la inmovilidad del bulto que las cuerdas sostenían.

El sargento con voz autoritaria, ronca y fuerte ordenó, una vez sujeto el cuerpo inerte al árbol escogido:

- ¡Atención! ¡Apunten! ¡Fuego! -precediendo el atronador sonido escupido por los fusiles.

El cuerpo pareció recuperar una breve aunque y apenas visible movilidad cuando las balas penetraron, violentas, en las carnes muertas.

A sus pies quedó la cabeza, con un rictus de terror dibujado en los labios, que había dejado caer con irrespetuoso gesto el soldado o tal vez cadete, si nos atenemos a su juventud y falta de galones o insignias, que la había transportado hasta allí. Su rostro impasible nada dejó entrever de sus sentimientos. Estos no tienen cabida en las castrenses reuniones.

Las órdenes, órdenes son.   

La habitación.

Cada signo de empeoramiento del estado de salud, era un preludio que anticipaba lo que iba a ocurrir. No era otra cosa que el cambio de habitación. Lo trasladaban a una habitación de una planta superior.


Así transcurrían sus días, semanas, años. Aplastado por el tedio y el aburrimiento. Recluido en unas habitaciones exactamente iguales las unas a las otras. Nada novedoso despertaba una curiosidad que lo entretuviera, lo alejasen de la realidad. Eran un calco a la anterior. Las mismas paredes, las mismas cortinas cuya cortedad de te tela, apenas llenaba de penumbra la habitación. Sólo la persiana otorgaba ese privilegio.  De planta en planta transcurrían sus días. Siempre de abajo a arriba. Pero esa mañana descubrió, al menos sospechó, que su nueva planta era la séptima, es decir, la última del edificio hospitalario. Cada planta prometía un aislamiento más sórdido, más inquietante que la anterior, era un augurio que acrecentaba sus temores. Sí, esa planta le acercaba cada vez más al cielo o, tal vez, a un temido y pavoroso infierno. La enfermera llenó, con su resplandeciente presencia, la habitación de aires renovados, frescos, perfumados por su radiante sonrisa, sus movimientos gráciles, llena de atenciones, de palabras amables y siempre esperanzadoras; cargando una bandeja llena de pastillas (cada día eran más) y un vaso de agua. Era como si el optimismo se hubiese refugiando en un cuerpo hermoso. Él preguntó si la séptima era la última planta del hospital. El gesto afirmativo de la cabeza de la enfermera lo confirmó. ¡Al fin, llegué al final de mi trayecto! - se dijo a sí mismo. Ni triste ni alegre sino resignado, giró su cuerpo pesadamente en la cama buscando una postura cómoda, hundió su cabeza en la almohada y se dispuso a convocar un deseado descanso, lleno de sueños o lejanos recuerdos. Pero la Parca tiene esas cosas. Aparece cuando quiere, pero siempre acaba por aparecer. Espero de corazón que no fuese el último de sus días, ni la última de sus noches. Esa decisión sólo corresponde a la existencia de un dios omnipresente o a la voluntad de quien esto escribe, pero eso lo dejo en manos de quien esto lea. No quiero asumir tan ardua decisión. La dejo en vuestras manos.

martes, 21 de octubre de 2025

La maleabilidad de los recuerdos

 


Los recuerdos martillean mis pensamientos. Menos mal que son dúctiles, maleables, en definitiva, adaptables a las necesidades imperiosas de cada momento.

Se pueden limar asperezas, cantear lo cortante, lo lacerante, lo rasposo y molesto al tacto. Incluso se puede añadir cosas que no fueron, solo el fruto de un deseo por muy efímero que fuese. Se puede enterrar bajo un inexpugnable olvido que no trasmita la menor huella. Pero, en realidad, no puedo, me gustan que afloren con la misma intensidad que produjeron. No quiero adulterarlos, contaminarlos, quiero simplemente que sea lo que deben ser. Recuerdos.   

martes, 21 de febrero de 2023

Boabdil de Antonio Soler

Todo lo que ha escrito Antonio Soler me ha atrapado. Tiene una manera de narrar muy particular, descriptiva como una sucesión de imágenes que al final eclosionan. Esa explosión te revuelve el espíritu. Emergen sentimientos, te llenan de afectos u horrores, de ternura o dolor. Es capaz de envolverte en una escena amorosa o abominar de una violenta. Siempre tiene un rechazo implícito de la violencia. 

Me ha encantado la parte en la que narra la toma de la Málaga musulmana, como preámbulo de la agonía del Reino de Granada.

 

lunes, 20 de febrero de 2023

La cadera de Eva de José Enrique Campillo Álvarez

En contra de la costilla de Adam el autor contrapone el papel fundamental que ha jugado la mujer a lo largo de la evolución humana. 

No es lo primero que leo al respecto, pero si aporta un desarrollo más amplio sobre la tesis del papel de la hembra en la evolución humana con respecto al macho. Como su adaptación fisiológica evolutiva ha debido experimentar unos avatares diversos, costosos, tanto al nivel biológico y sociales. Caro ha sido el coste, sobre todo, a nivel socio cultural. Incluso la evolución indujo a acortar el periodo de gestación para no convertir el hecho de parir en algo sin futura para la madre como para el neonato. O acortas ese periodo gestante o no existe futuro posible. Por ello el animal menos desarrollado a la hora de nacer somos nosotros: los seres humanos. Los cuidados en la más tierna de nuestra infancia ha requerido un periodo mucho más largo, un precio mucho más alto para que seamos capaces de valernos por nosotros mismo. Todo eso, de un modo u otro ha recaído siempre en el genero femenino. Difícil hubiese resultado que las hembras dejasen sus glándulas mamarias atrás para que sus retoños pudiesen seguir con su lactancia mientras las ellas partían de caza.

Curiosa me ha resultado el papel atribuido a la abuela en la teoría expuesta por el autor.

 

miércoles, 15 de febrero de 2023

La tienda de los fantasmas de G.F. Chesterton

Curioso lo que me ha sucedido con este libro. Anoche estuve leyendo un par de capítulos de Los problemas de la filosofía de Bertrand Russell. Todo fue bien. Asimilaba los conceptos con cierta facilidad, pero consideré que un par de capítulos eran más que suficiente. Seguí con la lectura de La cadera de Eva, un libro de difusión científica sobre la evolución del hombre (tema que me apasiona) y más en concreto sobre la importancia de la mujer en dicho proceso, no olvidemos que ellas tuvieron que sufrir una adaptación más rigurosa en el proceso evolutivo por aquello que son las llamadas a parir. No es lo mismo expulsar una cabeza con una enorme capacidad craneal para albergar un cerebro desarrollado que uno de menor capacidad, lo que nos ha permitido ser algo más inteligente que otros animales (por cierto, algo que muchas veces pongo en duda).

Quise acabar mi noche de lectura con algo más asumible para esas altas horas de la noche. Chesterton me pareció lo más adecuado. Libro de apenas quince páginas y autor inédito para mi. 

Ahora, delante del ordenador no soy capaz de recordar absolutamente nada de su trama, del argumento, de los personajes o el personaje, ni tan siquiera dónde se desarrolla. Fue una lectura de encefalograma plano, no ha dejado ni la más mínima huella. Eso no dice mucho a su favor.

 

martes, 14 de febrero de 2023

Cómo empezar a escribir historias de Alberto Chimal

 

Una lectura amena pero poco novedosa. Sí, es evidente que para escribir hay que leer. Eso hace que las palabras fluyan con mayor naturalidad, rapidez, libertad. ¿Quién puede escribir sin haber leído?. Esto me recuerda una antigua polémica, si careces de una riqueza lingüística, aunque sea básica, es imposible que salga un texto con un mínimo de dignidad literaria. Pero para escribir no basta con leer. Hay que saber indagar en los sentimientos, en las vísceras. Hay que saber bucear el las sensibilidades propias y ajenas. Hay que practicar mucho y sobre todo tener la paciencia suficiente para pulir los textos.

Tobermory de Saki

¿Qué ocurriría si con paciencia le enseñamos a nuestra mascota a hablar, a expresar sus sentimientos, sean o no profundos, si no les imbuimos al mismo tiempo nuestra dosis de hipocresía, nuestros estereotipos más íntimos  que limen las asperezas  que puedan crearse ante quienes nos rodean con cierta asiduidad? Pues con esta corta y no excesivamente bien lograda obra, mucho han cambiado los tiempos, la lectura  nos desvelará el misterio.
 

sábado, 11 de febrero de 2023

El corazón de una historia quebrada de J. D. Salinger

 

Otro estreno personal. La duda de cómo relatar y transmitir mis sentimientos, mis pensamientos, mis deseos y mis anhelos, esas dudas constituyen el armazón de esta hermosa historia.

Así que Usted comprenderá de Claudio Magris

 

El mitológico Orfeo y su enamorada Eurídice protagonizan esta obra breve, intensa pero intemporal y alegórica. Me gusta mucho la prosa de Claudio Magris y su desbordante imaginación. No es mala manera de introducirse y estrenarse con un autor.

Cuentos de cabecera de Osamu Dazai

 

Curiosa colección de relatos. Osamu Dazai no se siente bien dentro de su piel, dentro del estatus social que le ha tocado vivir y con una actitud irreverente hacia todo lo que huele a inamovible por el peso de la tradición lo transgrede sin violencia pero con mucha imaginación. Son hermosos esos cuentos, tanto  los que salen de la mente de Dazai como los originales que los inspira. Ahí están todos, en esta edición me refiero, los que emanan de una imaginación inquieta, socialmente perturbada del autor y aquello tradicionales. 

De este modo, los que no conocemos la tradición cuentista de un país tan remoto, en todos los aspectos, podamos saber con exactitud qué los inspiró.

La muerte a veces llama en dos ocasiones.

        Se adentró el pelotón armado, en  castrense y disciplinada formación, en el aciago y desierto paraje del bosque. Tras el marcial pe...