¿Qué ocurriría si con paciencia le enseñamos a nuestra mascota a hablar, a expresar sus sentimientos, sean o no profundos, si no les imbuimos al mismo tiempo nuestra dosis de hipocresía, nuestros estereotipos más íntimos que limen las asperezas que puedan crearse ante quienes nos rodean con cierta asiduidad? Pues con esta corta y no excesivamente bien lograda obra, mucho han cambiado los tiempos, la lectura nos desvelará el misterio.
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