Vale la pena oír enteramente la 2ª Sinfonía de Mahler para alcanzar este apoteósico final. Me ocurre desde la primera vez que lo oí, cuantas más veces lo hago más me entusiasma, me eriza el bello, me conmueve y deslumbra. Esta versión de Gustavo Dudamel frente a la orquesta Simón Bolivar de Venezuela es de las más impactantes para mi gusto.
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