Vázquez Montalbán, era, es tan peculiar en su forma de escribir, siempre cargada de ironía inteligente, del que dice las cosas como sin querer decirlas, pero siempre están ahí, le pese a quien le pese. Esa peculiaridad se la insufló a su personaje, Carvalho. No es un personaje entrañable, ni siquiera simpático, a veces lo imaginas vulgar y otras extraordinario. Pero lo que nunca admite negación es el sostenimiento de la intriga a través de la historia que discurre por sus páginas, y esa intriga siempre está salpimentada por la inteligente agudeza del autor.
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