Tierna, humana, asombrosamente terrenal, de una tierra de donde a todos nos pilla a contramano salvo, obviamente, a quienes son de allí. El discurrir de la vida cotidiana, el arraigo de costumbres que forjan leyes inamovibles, ineludibles, algunas de esas costumbres son milenarias otras de una triste inmediatez, pero no por ello carente de un mayor peso y rigor. La miseria, los subterfugios para eludirla, los quites para esquivarla, las fintas para capearla mientras la vida avanza irremisible. Transcurren los años, siempre hay un motivo para vender tu propia sangre.
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